Frases

‘‘Por desesperada que sea la causa de mi Patria, siempre será la causa del honor y siempre estaré dispuesto a honrar su enseña con mi sangre’’.

Juan Pablo Duarte

‘‘Vivir sin Patria es lo mismo que vivir sin honor’’.

Juan Pablo Duarte

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Artículos de Opinión
Oct 04

Evolución hacia la dicta-blanda

Por: AGUSTÍN PEROZO BARINAS.

 

“El régimen de Augusto Pinochet no es una dictadura, es una ‘dicta-blanda’. Dictadura fue la del tirano Rafael Trujillo.” Expresión escuchada en Santiago de Chile en 1984.

 

Algo sorprendido, decidí consultar un diccionario para valorar las definiciones del verbo ‘dictar’. 1. Leer o decir algo para que otro lo escriba. 2. Dar o anunciar una ley, norma, sentencia. 3. Impulsarnos a hacer algo la razón, la conciencia o los sentimientos. Este verbo es sinónimo de decretar y antónimo de derogar.

 

Busqué el antónimo de dictadura, que es la palabra ‘democracia’ y sus definiciones: 1. Forma de gobierno en que los ciudadanos eligen a sus gobernantes por votación. 2. País gobernado de esta forma. Aproveché para leer las definiciones de ‘tirano’: 1. Persona que gobierna sin tener derecho, imponiendo lo que ella quiere. 2. Persona que pretende mandar sobre las demás y que todas hagan lo que ella quiere.

 

Resumí que hay una diferencia entre tiranía y dictadura. Todas las tiranías son censurables, pues concentran el poder en un solo individuo para provecho personal y es, por necesidad, excluyente. En cambio, las dictaduras pueden no ser buenas o malas, independientemente de sus doctrinas, de la misma manera que hay buenas o malas democracias, pero agregando que una mala democracia se niega a sí misma. La democracia es el sistema político idóneo por excelencia, pero actuando bajo sus preceptos éticos. O es democracia o es una feria de charlatanes.

 

En República Dominicana un sistema demagógico partidocrático disfrazado de democracia tiene secuestrada, vía las arcas públicas, a una mayoría relativa por medio del clientelismo, aprovechando el bajo discernimiento y las miserias de las masas dominicanas. Esto va creando las condiciones adecuadas para que, agotados los recursos para sostener el sistema clientelar, la frustración popular contra este régimen “democrático” dé paso a propuestas dictatoriales.

 

Se entendería que una dictadura surgida de ese descontento popular prescindiría por un tiempo de un Congreso que le cuesta al erario unos cinco mil millones de pesos anualmente. La función del Congreso es legislar, representar y fiscalizar. Sondeando la población se concluye que una mayoría no se siente representada por los legisladores electos en sus respectivos municipios. En cuanto a fiscalizar, sería una broma plantear que fiscalizan el incumplimiento de las leyes o la corrupción que sangra los recursos nacionales. Y sobre su función de legislar, quedan cortos en ello para costar tanto al país. Pasan leyes que, o representan intereses exclusivos –políticos / económicos-, o que sencillamente no se cumplen. Aparte que, como agravante, legislan para su propio beneficio.

 

En esa hipotética dictadura se incluiría la figura jurídica del perjurio en el sistema judicial. Sin esta herramienta es casi imposible luchar contra la corrupción pública y privada. Contra corruptos y corruptores. También se complementaría el Código Procesal Penal con un Código Penal similar al de los Estados Unidos, que contemple condenas acumuladas consecutivamente según la gravedad del crimen.

 

Esa posible dictadura pondría un tope a los paquetes salariales de los funcionarios públicos. Ningún funcionario público de mayor jerarquía debe exceder ingresos mensuales sobre los ciento cincuenta mil pesos –todo incluido-, y en los cargos ministeriales no más de trescientos cincuenta mil pesos, –todo incluido-. A la administración pública se va a servir, no ha servirse. De ahí su nombre: servidor público.

 

Una eventual dictadura apoyaría la carrera administrativa, donde las posiciones políticas se circunscriban a los altos cargos ministeriales. El Estado no pagará a ningún empleado público bajo los diez mil pesos mensuales. No fomentaría la vagancia en oficinas públicas y cada posición en el Gobierno debe tener una función específica con resultados cuantificables. Darle mayor peso dentro del Gobierno a la Oficina Nacional de Administración Pública (ONAP) para que implemente y fiscalice las funciones y el desempeño de los empleados públicos, más allá de las buenas intenciones o compromisos de cualquier índole.

 

Endosaría la preeminencia de los derechos humanos, que deben garantizar el derecho a la vida y la integridad individual de las personas. Así como los derechos a una educación de calidad, al trabajo y remuneración dignos, a una suficiente y equilibrada alimentación, a la salud con amplia cobertura, a la vivienda decente, a la seguridad ciudadana, a la vejez con certidumbre, a procesos judiciales imparciales. Estos también son derechos humanos irrenunciables que la Comisión de Derechos Humanos debe amparar activamente, de igual modo.

 

Fomentaría el estudio, el trabajo y la producción. Instituiría la tanda única en las escuelas públicas. Apoyaría consistentemente los politécnicos y la educación superior, privilegiando carreras técnicas que correspondan al desarrollo sostenido de la producción nacional. Exigiría una elevada docencia impartida por un profesorado competente. Favorecería la formación cívica, la libertad sin libertinaje y el respeto de las leyes –puntualizando el respeto al derecho ajeno-.

 

Establecería el salario mínimo para los empleados públicos en diez mil pesos mensuales, indexados cada dos años en relación al Índice de Precios al Consumidor acumulado al período. Emplearía a un millón dos cientos mil dominicanos y dominicanas en proyectos de producción nacional orientada a las exportaciones y el consumo local. Redefiniría, para estos proyectos, la tenencia de la tierra. Ésta tributaría, produzca o no, para impulsar la producción en las mismas.

 

Una posible dictadura aplicaría sin titubeos la Ley de Migración, rediseñándola si fuese necesario, para salvaguardar la soberanía e identidad nacional. Honraría el fragmento de nuestro Himno: “ningún pueblo ser libre merece, si es esclavo, indolente y servil. Si en su pecho la llama no crece, que templó el heroísmo viril.” Revocaría, a cualquier costo prudencial, todo tipo de contratos leoninos en perjuicio del Estado Dominicano. Nos enorgullecería de nuestra dominicanidad, reprobando los trastornos que le han impuesto a la Nación.

 

Pero no hay que encresparse. Esta dictadura es la del imperio de las leyes. Es la dictadura de la ley que puede coexistir dentro de un sistema genuinamente democrático. Si el sistema vigente no corrige su rumbo, un frustrado pueblo huérfano de porvenir gestará su propia ‘dicta-blanda’, como lo intentó en 1965 y en 1984, si se agravan aún más sus penurias.

 

¡SI ES POR SOTO, YO Sí VOTO!

Autor: Agustín Perozo
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Aug 13

UN NEGOCIO "Capa Perros"

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POR: AGUSTÍN PEROZO BARINAS.

 

Es mal negocio ser parte de casi un 50% de la población que se abstiene de votar en las elecciones nacionales y que se siente representada en un 0% en los poderes de Estado. La indiferencia ciudadana sobre la irresponsable conducción del Estado es tolerable hasta que las consecuencias les toca a cada uno, como ya se traduce en inseguridad generalizada, en mayores cargas impositivas, en cuestionables ejecutorias gubernamentales, en precarios servicios básicos, en un quimérico 4% del Producto Interno Bruto para educación, en limitadas oportunidades para los egresados de universidades y politécnicos, etc.

Entre tanto, mantenemos funcionarios con ingresos excesivos que los cubre perfectamente un presupuesto donde no sólo draconianas exacciones tributarias son el pivote sino también el señoreaje y el endeudamiento. En su lógica de “el poder es para usarse”, estos políticos, ya como burócratas, sumados a sus asociados del sector privado, se presumen ‘superhombres’ y los tributarios más abajo somos el medio para ellos evolucionar en casi semidioses, posicionados más allá del bien y el mal. Intocables, inequívocos, laudables, inobjetables. ¡Tenemos el privilegio de contar con ellos, sin cuya guía y valores tendríamos una existencia laberíntica!.

Con una deuda consolidada del país sobre los 22,000 millones de dólares y engordando, nos dicen que la misma es perfectamente manejable pues debe evaluarse en correlación al Producto Interno Bruto y éste va en crecimiento. Un PIB que va en progresión apoyado en préstamos. ¿Hasta qué punto esto es viable?

Los cerebros i nfalibles e incontestables que abundan en la recargada burocracia dominicana oportunamente nos presentan las puntuales explicaciones e interpretaciones. Según sus estrategias, tomando más prestado, mientras los capitales de las potencias fluyan buscando mejor rentabilidad en estas economías emergentes, dinamizamos la nuestra, crece el PIB y habrá un punto de retorno con ésta ya fortalecida en un ambiente futuro de estabilización de la economía mundial y se recuperaría la capacidad de desmontar la deuda acumulada en un tiempo razonable... Todo está bien, todo va bien, nos dicen.

Y asombrosamente esta clase gobernante, que se turna en el carrusel tricolor de La Tripleta, es creativa. Desfalca y luego se apresta a promover leyes contra la corrupción sin que se exijan auditorias independientes a las gestiones de los funcionarios y promover eventuales sanciones, hasta con carácter retroactivo, si se comprobaran dolos. “Haremos” como si no hubiesen desgobernado un sólo día.

No hay lugar a dudas, que todo está bien, todo va bien, nos dicen... Sin embargo, hay un contrariedad para mantener el circo indefinidamente: la grave crisis económica en los bolsillos de una población con cada día más irritantes carencias. Toda acción tramoyista desviadora de escrutinio de la situación actual pierde su propósito campanudo ante ésta.

Y entonces, abstraído en pensamientos, decidí caminar en una serena mañana de mediados de julio por un deforme camino de tierra a través de un collado de San Cristóbal. Aún el trémulo rocío se agrupaba en pompitas de cristal entre ramillas y hojas que jugueteaban con la fría brisa que se apresuraba desde colinas engalanadas con difuminados tonos de verde, mientras un roncal canturreaba una apacible melodía... ¡Todo está bien, todo va bien!.

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Autor: Agustín Perozo
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Apr 13

EL SEÑOREAJE

El Señoreaje

El gravamen más regresivo e injusto de todos, es feudocapitalismo fiduciario que cobra tributos por trabajar, por consumir y por ahorrar. “Retención y apropiación de riqueza escudadas en el Estado de Bienestar Ilusorio, donde la imparcialidad en la concesión de recursos, el ordenamiento social y la provisión de capital humano y bienes públicos quedan endosados, inapelablemente, a un ente benefactor supraindividual que confiere derechos subjetivos en permuta de imponer obligaciones ineluctables, en su mayor parte económicas, liquidables en dinero, como son los impuestos, tributos y contribuciones.” Fernando Suárez –El impuesto inflación-.

Para que entendamos mejor, repasemos algunos conceptos básicos del origen del dinero. Una sociedad que aspire a crear mayor riqueza y distribuirla más equitativamente como aquello de que “a cada quien de acuerdo a sus capacidades y de acuerdo a sus necesidades”, debe interpretar bien la naturaleza del dinero. Veamos...

Trueque:

Sin la existencia del dinero, la gente debió intercambiar bienes tangibles por otros que recibían en retorno. Era el trueque, que era en extremo limitante ya que muchos productos perecían fácilmente o eran difíciles de transportar. Además, si una mujer requería, digamos, huevos, y tenía solamente sacos con maíz, entonces ella debía encontrar una persona con huevos que quisiera maíz. Adicionalmente, objetos grandes a menudo no son divisibles. Un vendedor de carretillas, ante el interés de un comprador con 12 sacos de maíz, podía no necesitar tanto de ese grano. Pero así mismo, el vendedor no tenía nada que aportar que no fuera la carretilla completa. Debido a estas dificultades, artículos ampliamente disponibles y divisibles, como abalorios o sal, fueron con frecuencia medios de intercambio: esto es, dinero. Las palabras salario y soldado (sale dare), por ejemplo, tienen su origen en la sal.

Monedas:

Alrededor del año 2000 antes de Cristo (a.C.), el metal, que era atractivo y duradero, llegó a ser el medio de intercambio en el Oriente Medio. Para el siglo VII antes de Cristo, el bronce estaba siendo fundido en China, con forma de cuchillos y espadas en miniatura, y a los cuales se le asignaba un valor fijo. Los precursores de las monedas modernas aparecieron el Lidia, en lo que es ahora Turquía oriental, entre el 690 y el 650 a.C. Eran unas rústicas pepitas fundidas de electrum, una aleación natural de oro y plata que se hallaba localmente. Su valor dependía de su peso.

Papel moneda (billetes):

El uso del papel moneda se cree empezó en China entre los siglos VII y IX a.C. para rebasar escasez de monedas. En Europa, en tiempos medievales, notas de crédito –equivalentes a notas bancarias- se intercambiaban entre los comerciantes que se conocían y confiaban mutuamente. Más adelante, una práctica creció en la cual los orfebres dieron recibos por el oro dejado a su cargo, y estos recibos era intercambiados como dinero. Durante los siglos XVIII y XIX, los primeros bancos privados, entonces bancos centrales, asumieron ese rol. Ellos emitían notas bancarias, cada una de las cuales eran –pagaré-. Esta palabra, o “nota”, todavía aparece en muchos billetes –papel moneda-. Hasta los años 30 del siglo pasado, cuando muchos países, incluido los Estados Unidos, salieron de un estricto patrón oro, los tenedores de las notas bancarias eran facultados, al menos en teoría, a reclamar de su banco emisor que las notas fueran saldadas en oro. Desde entonces, sin embargo, los billetes han recobrado la condición de lentejuelas primitivas –un medio de intercambio que tiene valor solo porque se confía en él-.

Cheques y tarjetas de crédito:

Tanto los cheques como las tarjetas de crédito son esencialmente “pagarés”, respaldado por la persona que firma el cheque, o, garantizado dentro de ciertos límites, por un banco o compañía de tarjetas de crédito. Y al presente, prácticamente en todo el mundo, el cómputo electrónico ha reemplazado a los billetes y monedas en muchas de sus operaciones. Las transacciones se llevan a cabo enteramente en la pantalla de una computadora, sin un rastro de metal o de papel.

Dinero:

El dinero en sí mismo no es riqueza, sino su representación. Es un medio por el cual la gente puede intercambiar bienes y servicios que sí tienen un valor. El dinero es un pedazo de confianza que se pasa de mano en mano y que puede fácilmente ser acumulado sin caducar. Tiene valía siempre y cuando la confianza perdure, conservando su común aprecio en el tiempo, constituyendo un medio de acumular valor de uso y canjear riqueza al portador.

Para que sea confiable, se supone que el dinero debe existir en oferta limitada. Si hay demasiado, la gente le confía menos. Entonces quiere más y más dinero a cambio de bienes y servicios. Puede convertirse en prácticamente inservible, como en tiempos de inflación crónica. Si hay muy poco dinero, la gente no puede expandir sus actividades porque no pueden encontrar el crédito en forma de préstamos para mantenerse operando mientras desarrollan sus negocios. Esto puede conducir a depresión económica, o recesión, lo cual significa pocas inversiones, insuficiente dinero en los bolsillos de la gente para crear demanda por bienes y servicios, y no suficientes empleos.

Inflación:

La inflación es un desequilibrio económico caracterizado por un alza general, duradera, acumulativa, y más o menos fuerte de los precios. Clásicamente la causan, entre otros factores tal como el “señoreaje”, un exceso de demanda de bienes y servicios, como también mayores costos de producción. El desequilibrio de un solo sector de la economía, como sucede con los actuales precios del petróleo y las materias primas, provoca un alza de precios de los bienes y servicios y esta elevación de precios se propaga inmediatamente al resto de la economía.

La inflación en un país produce la erosión de la moneda nacional, reduciendo su poder adquisitivo. La inflación, ciertamente, produce ventajas para todos los agentes económicos que tienen deudas en moneda nacional porque pueden devolverlas en una moneda depreciada, pero perjudica en contrapartida, a todos los agentes acreedores, empobreciéndolos. En concreto, las empresas tienen tendencia a obtener en períodos inflacionarios márgenes de beneficios reales (es decir, corregidos por las variaciones de los precios) muy débiles. Los ahorristas, por lo mismo, se empobrecen en períodos inflacionarios. Tienen tendencia a reducir sus ahorros, lo que tiene como efecto encarecer el crédito, ya que las instituciones financieras que reciben los ahorros elevan los tipos de interés con la esperanza de atraer más ahorristas.

La inflación tiene, sobre todo, el efecto de enmascarar la realidad de las cosas. Nadie –salvo los ahorristas y empresarios- tiene la impresión de perder algo en un período inflacionario moderado. Todos comparten la idea de que sus ingresos están indexados sobre el alza de precios y están persuadidos de que sus deudas quedan aliviadas por la erosión monetaria. De hecho, la inflación engendra un empobrecimiento real del conjunto de los agentes económicos. Casi todo el mundo cree ganar algo –o al menos cree no perder-, pero a mediano plazo todo el mundo se empobrece.

Señoreaje:

Entonces tenemos que la inflación beneficia a los deudores en moneda nacional. Y los gobiernos se endeudan también en moneda nacional. De hecho, en el caso dominicano, tienden a ser individualmente los mayores deudores en pesos. Pero antes de ahondar sobre el “señoreaje”, sus propósitos y consecuencias, ¿qué es?... El término se refiere a los señores feudales que se beneficiaban del arbitrio de acuñar moneda, generalmente en metales preciosos, como el oro o la plata. Cuando el feudo se endeudaba, diestramente limaban las monedas ya en circulación, obteniendo así –de ellas- oro y plata, para acuñar otras monedas suplementarias con las cuales pagaban sus deudas. Por esta razón vemos monedas del período feudal seccionadas en los bordes. De aquí la expresión “señoreaje” a este tributo de origen feudal.

En el presente, no es otra cosa que la capacidad de los gobiernos de imprimir dinero fresco para obtener bienes y servicios a cambio de esos nuevos trozos de papel –inorgánicos-. O sea, es el total de bienes y servicios, o renta, que los gobiernos adquieren imprimiendo dinero en un período determinado, por lo cual es, efectivamente, un tributo impuesto por los gobiernos a los agentes económicos privados. También se le denomina “impuesto inflación” o monetización de deuda. En la verborrea de los economistas, el impuesto inflación –o señoreaje- es igual a la tasa de inflación multiplicada por el saldo real de dinero en manos de los agentes económicos privados, como usted. La reducción del valor real de su saldo monetario causada por este tipo de inflación es el impuesto inflación, que es la cantidad de recursos reales que los gobiernos le detraen al imprimir dinero nuevo y con ello generar inflación.

Y, ¿en qué beneficia esto a los gobiernos?. Comprendamos... El gobierno quiere adquirir nuevos equipos y maquinarias por 10,000 millones de pesos para apoyar programas agroindustriales de largo alcance orientados a fortalecer las exportaciones del país, pero no tiene capacidad para gravar (con nuevos impuestos). Entonces tiene opciones como pedir prestado del público (v.g. certificados del Banco Central) que es más deuda, o imprimir los 10,000 millones para comprar los equipos.

En realidad, los gobiernos que quieren financiar sus déficits a través del señoreaje no imprimen simplemente nuevo dinero, sino que utilizan un procedimiento indirecto. En primer lugar, Hacienda autoriza al gobierno a pedir prestado el importe equivalente al déficit presupuestario (los 10,000 millones, por ejemplo), imprimiéndose y vendiéndose la correspondiente cantidad en nuevos bonos gubernamentales. Sin embargo, los bonos no son vendidos al público, sino que Hacienda pide (o requiere) al Banco Central que los compre. El Banco Central los paga imprimiendo 10,000 millones de pesos en moneda nueva, dándoselos a Hacienda a cambio de sus bonos. Este nuevo dinero entra en circulación cuando el gobierno lo gasta (compra los equipos y maquinarias agroindustriales).

El gobierno recauda el impuesto inflación –señoreaje- imprimiendo moneda (o haciendo que el Banco Central la emita) y usándola para comprar bienes y servicios. Este impuesto inflación es pagado entonces por cualquier miembro del público que posea dinero, como usted, porque la inflación erosiona su poder adquisitivo. Por ejemplo, cuando la inflación es del 10% anual, una persona que mantenga dinero en efectivo pierde el 10% de su poder adquisitivo y, por tanto, ciertamente paga un impuesto del 10% sobre su reserva real de dinero. Los gobiernos a su vez captan recursos a través de otros impuestos y tributos; directos –como las placas vehiculares-, indirectos –como el Itbis-, aranceles a las importaciones, etc. y abonan a la deuda pública, ya devaluada por la inflación concebida por el señoreaje.

El señoreaje es literalmente “pan para hoy y mucha hambre para pasado mañana”. Con el paso del tiempo, el nivel de vida de los ciudadanos se va deteriorando, incluyendo salud pública, alimentación (malnutrición), seguridad ciudadana y educación (analfabetismo funcional), como ya lo padecemos en República Dominicana. Es el efecto perverso de una política monetaria irresponsable y manipuladora.

Agustín Perozo Barinas.

Autor: Agustín Perozo
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Mar 23

Las manchas en el sol

Las manchas en el sol

Por: Agustín Perozo Barinas.

Para unos, si señalas las manchas en el sol, eres un ingrato por advertir las manchas y no únicamente la luz. Pero resulta que irrebatiblemente hay manchas solares. En física, éstas tienen un origen gravito-electromagnético en la superficie solar. Pero si se escogió relacionar estas manchas con un cuestionable ejercicio del poder, entonces estas manchas no son de origen físico, sino moral. Fernando Morán escribió: “La descripción de la miseria no desmonta el mecanismo que la engendra.”

En 1961 habían dos millones de pobres en República Dominicana. En el 2011, cincuenta años más tarde, tenemos seis millones de pobres, y en aumento. Los últimos cuarenta y cinco años han correspondido a gobiernos análogos emanados de los tres partidos mayoritarios tradicionales. ¿Ha crecido el país? Indudablemente, así como su pesada deuda financiera y su pobreza. Y ambas condiciones tienen sus secuelas que gravitan en toda la sociedad.

En un episodio de propuestas improvisadas contra la pobreza durante una peña en la playa sancristobalense Cocolandia de Palenque, un personaje quijotesco planteó: “¿Cómo emplear, a partir del 2013, a 600,000 dominicanos y 600,000 dominicanas, en un período de ocho años (o sea, 150,000 empleos anuales) con un salario mínimo de 10,000 pesos mensuales, que se indexe cada dos años en relación al Índice de Precios al Consumidor (IPC) acumulado en el período y que disfruten de un aumento salarial real de un 25% cada cinco años?.”

Le espeté, luego de un escueto cálculo aritmético, que emplear toda esa gente, un millón doscientas mil almas, constituiría un monto de ciento cincuenta y seis mil millones de pesos anuales para el presupuesto nacional, además de que indexando esa figura cada dos años, más el aumento de un 25% cada cinco años, implicaría sobre los treinta y nueve mil millones de pesos adicionales anualmente, y que son pesos con un poder adquisitivo definido a la fecha de la implementación de ese plan. A esto habría que sumarle el paquete de incentivos y derechos laborales. Me cuestionó con determinación: “¿Hay otra forma de enfrentar la pobreza?.”

Analizando todas las estadísticas de crecimiento de nuestra economía, con cifras de cientos de miles de millones de pesos en cada giro de lo que se expone desde el Gobierno, pensé que este sujeto no estaba tan atolondradamente perdido en un limbo ni que tuviera un juicio farragoso. No obstante, la curiosidad es como un fiero erizo entre barbilampiñuelos. Le debatí al esclarecido caballero cómo se emplearía esa multitud y con presteza alegó “que nuestro país está aún por hacer donde mayor fortaleza tiene en capacidad productiva renovable, con autosuficiencia y ventaja comparativa en el Caribe insular; esto es, las industrias agropecuaria, forestal y piscicultura, y ser desplegadas para asumir valor agregado, innovación y potencial de exportación en sus operaciones.”

Volví a espolearlo: -¿Y usted cree que esta gente pudiera producir más que su costo laboral para que una proposición de tal magnitud sea práctica y sostenible?-. Admití que replicó ventajosamente: “La paga es sencillamente 500 pesos diarios. Si no podemos emplear esa cantidad de gente en ese período y en las condiciones propuestas, y obtener un retorno por la productividad sobre esos 500 pesos diarios por individuo, entonces derivaríamos en lo mismo que tenemos al presente.”

La cálida playa esperaba y había un ambiente muy chispeante y acogedor. Me fui distanciando del grupo para mojarme por cuarta vez en ese refugio paradisíaco y no era posible contener una última pregunta: -Señor, ¿Y cómo mejorar la formación y enseñanza para un mejor rendimiento de esta gente a emplear?-. Mientras se despedía con un arcano gesto, contestó: “En la casa empieza la buena educación. Sin esos valores, todo va torcido. En la familia está la solución. No lo olvides... En la familia.”

¡SI ES POR SOTO, YO Sí VOTO!

Autor: Agustín Perozo
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Mar 22

El Jarrón Azul

El jarrón azul


Por: Agustín Perozo Barinas.
Con tantas estadísticas e informes gubernamentales, y secundados por los apologistas y justificadores consuetudinarios del modelo impuesto a República Dominicana, es posible confundir lo cierto por lo tramado. La verdad por la mentira... La población dominicana, la mayoritaria, no va por buen rumbo. Pero los datos oficiales exponen casi todo lo contrario.
Sobre un vetusto y terroso muro enladrillado, de más o menos dos pies y medio de alto por uno de ancho, reposa un jarrón azul sin impresiones visibles, de tamaño mediano y superficie levemente lisa. Muestra dos asas curvas en cada lado que concluyen como a tres pulgadas más arriba de su base. Contiguo al muro, que es un primer plano ante un huerto que por su cuidado evoca un vergel, descansa una mecedora de pino claro, con amplio porte. También hay, verticalmente dispuesto, un curioso barrilito pardo, que a forma de mesita y suficientemente ancho sostiene una perfilada copa, de cristal muy delicado y terso, junto a una botella descorchada de un vino tinto francés. Es un “La Tâche” de Borgoña, pero no se distingue claramente la cosecha en la etiqueta pajiza y algo raspada, pero parece leerse “1985” ó “1988”...
Aribáldes se acomoda en la mecedora, vierte vino en la copa y aprecia la tarde de cielo despejado y brillante, de esos días frescos con inquietas brisas en marzo. Un marcado interés se centra en el jarrón azul. Pero no tanto en el objeto en sí, sino en su color. Es azul. ¿O no lo es, quizás? Decide recurrir a los métodos oficiales de análisis, conclusión y presentación de las realidades socio-político-económico de la nación y ver cómo se desempeñarían con este jarrón.

Anticipadamente duda que sea azul. Es un primer paso muy revelador. Sin dudar no es posible objetar “verdades aparentes”. Coloca un celofán amarillo traslúcido ante el jarrón. Llama a Demófeles, que estaba de paso, y le cuestiona sobre el color del jarrón mientras sostiene el cacho de celofán entre el espectador y la pieza. –Lo veo verde, responde despachadamente Demófeles, algo intrigado por la pregunta, y se retira presuroso antes de otra tarambana consulta de su estrafalario amigo.
¿Entonces la percepción es la verdad?, murmura Aribáldes, mientras aún delibera si este Grand Cru de Côte de Nuits es cosecha ‘85 ú ‘88... Si se altera la percepción, la verdad es relativa, y siendo relativa, es moldeable. ¡Qué apropiada engañifa para acomodar informes y estadísticas, despachurrando las verdades! Se reclina en la mecedora con un ligero impulso hacia atrás y encomia en su pensamiento al artesano que la fabricó en Matanzas de Baní. Recuerda que el español De la Serna escribió “no hay mejor destino que el de supervisor de nubes, recostado en una hamaca, mirando al cielo”. -Debió imaginarse estos sublimes cielos dominicanos para expresarlo-, musita.
Para nuestros facundos politiqueros, la verdad deformada crea un escenario ideal para manipular al electorado, coartado por la desinformación para asimilarla así. Pero no se puede sostener perpetuamente el celofán amarillo ante el jarrón, e irremisiblemente se mostrará como evidentemente es: un jarrón azul.
21 de marzo del 2011.
¡SI ES POR SOTO, YO SÍ VOTO!
Autor: Agustín Perozo
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En la Unidad, la fuerza.

En la unidad, la fuerza.


La delincuencia arropa nuestra sociedad. no solo la de carácter violento, como son los homicidios, sicariato, feminicidios, atracos y violaciones, sino también los tipificados como fechorías de cuello blanco, categoría donde entra la reinante corruptela en el estado

En cuestión de años se nos ha venido de golpe esta situación que bien pareciera incontrolable. Investigando en toda la geografía nacional sobre las cinco calamidades capitales, de otras muchas que agobian a la población, se revela la inseguridad ciudadana entre las de mayor desvelo. No hay un solo día que el alma se serene sin oír o leer en los medios de prensa de uno u otro acto desgarrador en nuestro país. Y se van agravando las particularidades de éstos.

Nuestro mapa político ha sido fragmentado de tal forma que su control se hace cada vez más disperso. Los recursos no se priorizan y se diluyen las estrategias. Continúa la rancia costumbre de convocar seminarios y cumbres, designar comisiones, formular declaraciones; y habitualmente sin resultados efectivos apreciables. Habría que involucionar todo el sistema para reformarlo y relanzarlo hacia una “revolución evolucionista.”

República Dominicana, por la extensión de su territorio y el tamaño de su población, no debería exceder cinco regiones políticas que respondan a un eje transversal en el Palacio Nacional. En cada región de éstas un gobernador, un superior policial y un superior militar a los que respondan sus contrapartes provinciales. Estos jefes regionales responderían directamente al Presidente de la República. Cada región sería así una extensión de un puño, como dedos a la mano. Cerrados hacia sí, representan la unidad y la fuerza, condiciones necesarias para enfrentar la descomposición y desintegración generalizadas.

Es legítimo que la ciudadanía reclame por estructuras militares y policiales depuradas con menor número de efectivos hasta una cantidad que incorpore la eficiencia y la competencia de sus mandatos, mejor preparadas y remuneradas, y a su vez con estrictísima supervisión y sanciones a la infracción de sus normas y juramentos ante la sociedad. En contrapeso a esta rigurosa preparación, reforzada inspección y drásticos correctivos a transgresiones, que disfruten de un aliciente paquete salarial y progresivo al rango que les asegure, en grado digno, derechos a ellos y a sus familias en la salud, vivienda, seguridad social, educación, retiro, etc.

Es preferible asumir ese costo en el presupuesto nacional que vivir de rodillas ante la delincuencia y sus secuelas. A una sociedad con marcadas carencias materiales y cívicas le sumamos la adversidad de la inseguridad ciudadana, entonces tenemos un purgatorio en nuestro propio suelo y un capital social en franco deterioro. Este “puño nacional” no podrá estrechar la mano con el delito y el desgobierno, pues cerrado no abriría ante la culpabilidad. Pero deben consumarse cinco imposiciones esenciales: Formación, supervisión, prevención, sanción y retribución.

El costo económico de la delincuencia a la sociedad en relación al Producto Interno Bruto (PIB) debe ser tomado en cuenta para influir un término compensatorio a la propuesta. Analizar los gastos en hospitales públicos para atender heridas ocasionadas por delitos violentos y a los accidentados en vehículos de todo tipo, incluidos motoristas, derivados por infligir la ley de tránsito por alguna de las partes, o ambas a la vez. Los gastos legales del ministerio público para completar expedientes y darle seguimiento a estos procesos. Los gastos penitenciarios para mantener una población correccional en aumento. Si la sumatoria de estas partidas se aproxima al 1% del PIB se puede concluir que habría que destinar recursos en esa proporción para contraponer sus raíces.

¿Qué tipo de libertad es aquella asediada por el desorden y la inseguridad? Gobiernos con caciques que no son referentes morales no pueden garantizar el retorno de la tranquilidad. Ni respetan la institucionalidad y cada día son más avispados para exprimir el erario con paquetes salariales, contratos y comisiones que no corresponden a un Estado pobre, por más estadísticas que presenten para su propio consumo. La mayor proporción de la población dominicana es pobre, que se clona a sí misma y su circunstancia, por su limitación educativa. ¿Por qué les es tan difícil entender el contexto de la pobreza? ¿Por qué hay que examinarla tanto como lo que es y no por lo que la causa?.

Cientos de miles de dominicanos adultos están enajenados con un inédito oscurantismo criollo, un martilleo rítmico, alcohol y motoconcho. La mujer dominicana sigue soportando en su cocina con los calderos “boca’bajo” y los jóvenes, con pocas oportunidades, están expuestos a las mismas precariedades de sus padres. Serán estas mujeres y estos jóvenes, atrapados en una crisis que no cede, los que aguijonearán las voluntades de los hombres dominicanos para reclamar otra suerte existencial. No dudemos, pues lo veremos...

Agustín Perozo Barinas.

Oct 21

El mal sueño del profeta

Desde tiempos inmemoriales la profecía ha estado ligada con el poder, como si ambas cosas fueran consustanciales a una misma cuestión, como si se alimentaran ambas entre sí, complementándose entre ellas. Sirviéndose una de la otra, supuestas potestades, que siempre han marchado por los tiempos juntas, “mancornadas”.

Es pues, relación que se pierde en la noche de los tiempos, llegando hasta nosotros quizá con otros nombres, pero con la misma vocación aparentemente utilitarista de subordinarnos, cautivándonos la ilusión, como si propinara poder misterioso conocer el futuro o fingir que se es capaz de conocerlo.

Autor: Soto Jimenéz
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Feb 06

La Negación del Plácet o Agreement Diplomatico

Es la respuesta favorable que da un gobierno amigo cuando otro le propone como representante diplomático a determinada persona. Antaño es otrora, otrora es en tiempos pasados y ayer se relaciona con hoy.

Para ser diplomático, antaño era menester que la persona reuniera determinadas condiciones de moralidad principalmente, amén de la preparación intelectual, médico-científica a todas luces.

Ciertamente los tiempos han cambiado. En nuestros días las señaladas cualidades anteriores, no son necesarias y basta que el pretendiente sea un allegado del príncipe o jefe de Estado para que sea beneficiado con un cargo de embajador.

Lo lamentable de todo eso es, que el país aceptante ayer ponía rechazo o corta pisa para que el acordado individuo, fuese rechazado no concediéndosele el plácet o agreement, y así el gobierno proponente, comprendía que su sugerente no era bien visto.

Por lo general, los gobiernos amigos tienen sus agentes de información, los cuales rinden informes de las actuaciones de sus acreditados en países extranjeros.

No hace mucho tiempo, que un diplomático extranjero, fue trasladado desde aquí a otro país, su destitución no fue consumada, porque era un diplomático de carrera, debido a que ese personaje se exhibía en nuestras playas con una serie de efebos y bastante embriagado, llegando los informes a su país y sin ruidos ni aspavientos, el referido desviado, fue trasladado a otra parte y ahí quedo todo.

Por lo general los gobiernos que más se cuidan de los asuntos de sus diplomáticos, irónicamente, son los gobiernos de fuerza o las dictaduras. En esos gobiernos un representante diplomático, no puede haber sido condenado por los tribunales, ni mucho meno haber sido acusado de malversación o tener roses con pasados funestos, ni tener “affaire” de faldas notorias.

En una palabra sin llegar a la mojigatería, ser irreprochable.

La prensa de estos días nos da la noticia, que un representante diplomático de un país amigo, está envuelto en matanzas de seres humanos.

No es intención del infrascrito ni mucho menos de este prestigioso periódico, cuestionar conductas de otras competencias, pero las reglas mínimas del protocolo y del derecho internacional, aconsejan otras prácticas más prudentes.

De tiempo en tiempo, los servicios aduanales del mundo, detectan en valijas diplomáticas todo tipo de contrabando, pero amparados por la inmunidad, generalmente los mismos no son molestados y en el mejor de los casos, se les llama discretamente aconsejándoseles a descontinuar dicha práctica y ya.

El profesor Gilberto Bergman Padilla, Rector y diplomático de la Universidad de Ciencias Comerciales de Nicaragua, expresa que la palabra plácet está de moda, y que todo el mundo habla de que el Vaticano le aplicó el silencio diplomático, al señor Álvaro Robelo, esto es, le negó el plácet.

El señor Robelo acusa al Representante de Su Santidad en Nicaragua el Nuncio Apostólico Jean Gobels de ser el Jefe de una conspiración malvada y delincuencial contra su persona.

Se refiere al Nuncio como un delincuente de “oscura vida privada,” Lo que denigra y lo califica como una “loquita” de reacciones histéricas.

Son ataques muy fuertes, sobre todo cuando provienen de un ex diplomático, habida cuenta que en tiempos de doña Violeta Chamorro fue Embajador en Italia. No hay que olvidar que el Nuncio Apostólico es el representante de su Santidad Benedicto XVI.

Por tales razones, es importante como señaláramos más arriba, que cuando un gobierno propone a una persona como candidato a embajador, se asegure previamente que su candidato no tiene cuentas con la justicia, no ha tenido una conducta inmoral, no ha formulado un pronunciamiento público inamistoso, etc. Pues, desde el ángulo del Estado que lo va a acreditar, le ahorra al candidato y al Gobierno que lo postula la desagradable situación que provoca la negativa del plácet.

Para nuestros países del continente americano esta regla de derecho diplomático adquirió carácter obligatorio al quedar incorporada en la Convención de La Habana sobre Funcionarios Diplomáticos (La Habana 20-2-1928), cuyo artículo 8º. Establece:”Ningún Estado podrá acreditar a sus funcionarios diplomáticos ante los demás estados, sin previo arreglo con éstos. Los referidos estados pueden negarse a admitir un funcionario diplomático de los otros o, habiéndolo admitido ya, solicitar su retiro, sin estar obligados a expresar los motivos de su resolución”. La norma adquirió luego carácter de obligación universal al resultar recogida en la Convención de Viena sobre relaciones Diplomáticas (18-04-1961), cuyo artículo 4º. Dispone:”1.- El Estado acreditante deberá asegurarse de que la persona que pretende nombrar como Jefe de Misión ante el Estado acreditado consigue el “agreement” del descrito Estado. 2.-El Estado acreditado no está obligado a dar al Estado acreditante las razones de la negativa del “agreement”.

Este derecho del estado es absoluto y ha sido utilizado a lo largo del tiempo en las más variadas circunstancias, algunas veces sin dar razones públicamente, porque esto pudiera perturbar importantes intereses políticos.

En Roma, en determinada época, un embajador norteamericano fue rechazado por ser divorciado y ofender con eso la tradición religiosa del Reino de Italia.

Por último, en Berlín se rechazo también a un representante norteamericano, esta vez, por ser católico cuando la Corte era protestante.

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Nov 04

El florón

"El florón está en mis manos, en mis manos está el florón". ¿Cuál será la cosa a la cual la tonadilla popular hace alusión como quien no quiere la cosa? En la cultura criolla rica en doble sentido y picardía, el florón puede ser cualquier cosa buena o deseable.

Colocada en el sendero posibilístico de las ideas asociadas, la palabra toma entonces rumbos insospechosos sobre lo que queremos decir buscándole la "quinta pata al gato".

Autor: Soto Jiménez
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Feb 06

¿Una política salarial?

¿Una políti ca salarial?

El prójimo sin libertad ni derechos. La esclavitud en su definición más clásica la conocemos por miles de años. Aunque se considera que la esclavitud está abolida en casi todo el planeta, ésta tiene otra cara, otra modalidad moderna...

Partamos conque la canasta básica para una familia dominicana de cinco miembros es de aproximadamente 26,000 pesos mensuales al presente. Que casi el 70% de los trabajadores no devengan sobre los 10,000 pesos mensuales en nuestro país. Que apenas ambos padres laboran, por falta de disponibilidad de trabajo, pero en el mejor de los casos ambos trabajan y cubren el total de la canasta familiar. Hasta aquí tenemos una familia con un presupuesto “rasurado” pero suficiente.

Vamos a las familias de igual número que no llegan ni remotamente a cubrir el 60% de la canasta familiar, que son una abrumadora mayoría. Sus miembros que trabajan perciben ingresos netos bajo los 6,000 pesos mensuales, en su gran proporción, o por lo menos el mínimo establecido para cada categoría de empleadores. Estos trabajadores, sin hacer referencia al batido término de “explotación”, que laboran de 8 a 10 horas diarias, 5½ ó 6 días a la semana, salen macilentos de sus plazas de trabajo. Y el día y medio o tal vez dos días de asueto del fin de semana, no son de esparcimiento, sino de mortificación tratando de zanjar las privaciones que le impone la situación a sus familias.

En el caso de muchos, sus opciones se reducen a su “libertad y derecho” para acudir y refugiarse en el sano abrazo de las iglesias, el deporte, las artes o la cultura; y en otros tantos, buscar compensar con otras actividades informales, algunas no santas.

Se ha dicho que el dominicano no es entusiasta de trabajar en su tierra pero desde que emigra a Estados Unidos o a la Unión Europea, lo hace diligentemente. Esto tiene una respuesta simple: se le retribuye mejor. La falta de oportunidades dignamente remuneradas en nuestra sociedad ha impulsado, un ejemplo entre otros tantos, actividades informales como el motoconchismo. Un motoconchista, que no produce nada material excepto lo que cobra a sus usuarios compelidos a utilizar este medio de transporte, ofrece un servicio caro y riesgoso, y difícilmente completa los 400 pesos netos diarios en promedio, en un quehacer expuesto a considerable peligrosidad para sí mismo y el usuario, en dos vertientes: la delincuencia y el alocado tránsito criollo.

Y por otra parte, en el ámbito del empleo formal, es de actualidad proponer “aumentos” a la clase trabajadora, donde los empleadores no indexan los salarios anualmente en relación a la inflación acumulada durante el período. La inflación erosiona el poder adquisitivo de los ingresos de los trabajadores y, cuando ya es insostenible la poca capacidad de compra de éstos en función a su salario nominal, se le propone el “aumento”, el que también se le regatea para amañar la percepción del artificio. Indexar los salarios no es aumentarlos en términos prácticos. Quizás como metonimia lo es, pero no en lo radical.

Cuando el salario se indexa periódicamente a los trabajadores, que es un derecho por su energía aportada a la producción de bienes y servicios, simplemente mantiene el mismo poder de compra que el período anterior por la misma carga de trabajo. La indexación salarial no aumenta la capacidad de compra del trabajador. Simplemente la iguala al período precedente en función de la inflación acumulada. Por lo tanto, no es un aumento. Un aumento incrementa la capacidad de adquirir bienes y servicios en relación al ciclo previo. Si se indexa el salario simplemente, no hay aumento de esta capacidad.

La inflación, que es un negocio desde la perspectiva del señoreaje del que escribiremos en otra oportunidad, afecta directamente el ingreso de los trabajadores y su calidad de vida. La indexación salarial anual sería una conquista, como también una política de aumentos reales, objetivos y consensuados entre los trabajadores y empleadores. Siendo el salario un costo en la producción, su incremento conlleva también aumento en los precios, pero no necesariamente en la misma proporción. Un agregado en los salarios representa mayor consumo, que es mayor demanda. Es un elemento inflacionario pero también un motor al crecimiento productivo para suplir esa demanda ampliada.

Los estudios y experiencias de otros países están disponibles para promover una política salarial equilibrada que beneficie tanto al empleador como al trabajador, ambos creadores de riqueza. Pero desde el enfoque del ganar-ganar. Cuando una parte ambiciona ser asimétricamente más beneficiada que la otra y en detrimento de esta última, es allí donde se agrieta la avenencia y la equidad.

Agustín Perozo Barinas.

¡SI ES POR SOTO, YO Sí VOTO!

Autor: Agustín Perozo
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Oct 17

Delincuencia sin reparos

La delincuencia es, en general, una de las formas más sorprendentes de la desviación social. Es posible que un individuo se desvíe de la anuencia general, y que su conducta desviada sea considerada absurda, particular o excéntrica. Pero a menudo una tal desviación representa una violación de las normas del grupo contra las cuales se ejerce su sanción punitiva. El acto delictuoso de trasgresión es el crimen o delito.

La sola manera de definirla es decir que es un acto castigable en una situación social dada. Es posible que la ética pueda proporcionar un concepto universal y atemporal del crimen. Pero, en sociología criminal y en criminología, el delito es lo que castiga un Estado, una tribu, una colectividad. Eso no significa que concibamos el crimen arbitrariamente, sino en relación con una estructura social y sobre todo con una cultura basada en una potencia dada. Otrora, en Unión Soviética, establecer una empresa privada de naturaleza capitalista era un crimen grave, al cual se podía imponer la pena capital. Esta misma actividad, en Suiza o en las Islas Filipinas, es perfectamente legítima. En ciertos lugares, la prostitución es un delito, en otros una actividad, sino honorable, al menos sin la sombra de una infracción. No solamente la geografía, sino los cambios históricos reflejan la relatividad del delito.

En los países asiáticos, dar a los funcionarios públicos honorarios privados ha sido una costumbre inveterada. La penetración de la moralidad burocrática occidental ha creado un estado de conciencia haciendo aparecer el carácter ilícito de una tal práctica, hasta entonces favorablemente sancionada por la tradición. En México, la mordida, o subordinación habitual de los funcionarios y de las autoridades, se aproxima del tipo anterior, pero ella siempre ha sido condenada-sin gran éxito-por los agentes moralizadores: La iglesia, los partidos revolucionarios, los intelectuales. En tales casos, las “desviaciones” son las de una moral proclamada por grupos concretos, que no pueden hacer gran cosa contra las costumbres arraigadas en la conciencia colectiva con el apoyo de la estructura económica.

Si la definición del acto delictuoso varia de sociedad a sociedad, y hasta dentro de cada una de ellas, su frecuencia y sus tipos responden a ciertas regularidades cuya determinación es el objeto de la sociología de la conducta criminal. Una primera correlación entre estructura social y delincuencia es la que aparece en el nivel de estratificación.

Cada clase social representa una forma diferente de vida, y el individuo que le pertenece se encuentra frente a los problemas diferentes en cada caso. Nada de sorprendente si la delincuencia legalmente definida se encuentra en los más fuertes porcentajes en las clases bajas, puesto que son ellas las que sufren de la penuria causada por el desempleo, las crisis económicas, los salarios insuficientes. Las clases altas, en cambio, transgreden con menos frecuencia los delitos legales o codificados, mientras que ellas cometen mas frecuentemente las desviaciones no sancionadas por la ley. Algunos tipos de delitos suponen un preparación tecnica o educativa especial-como en el caso de la falsificación de moneda- o los roles específicos-la malversación financiera.

El obrero desempleado que ataca un ciudadano, llevado por la necesidad, comete un delito para resolver un problema acuciante (otra cosa es el hecho que la repetición y las persecuciones de la justicia le convierten en delincuente habitual). Pero los actos de vandalismo de los tigres del patio, los gamberros españoles, los stilyagi rusos, o los teddy-boys ingleses, no son utilitarios. Se trata de sub-culturas criminales, como lo afirmaba Albert Cohen, cuyo origen es muy complejo. La conducta hostil y destructora, aparentemente sin objeto, de esos grupos es fundada sobre una larga acumulación de frustraciones de toda clase: zonas urbanas deterioradas, fuerte densidad demográfica, desorganización familiar, fricciones étnicas o interculturales.

La sociología criminal debe profundizar todas las otras ramas de la disciplina sociológica para poder alcanzar los resultados viables; desde la ecología social, para establecer una geografía del crimen, hasta la psicología social, para descubrir las motivaciones del delincuente, pasando por el estudio de las crisis económicas y de su incidencia sobre los índices de criminalidad. En realidad, la sociología del delito y la de la desviación social son disciplinas que, a pesar de su carácter concreto, quedan, tratando hechos delictuosos concretos, bastante generales, pues su objeto de interés se encuentra en no importa cual zona de la realidad social. Lógicamente, ellas forman parte del estudio científico del conflicto social.

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