Frases

‘‘Por desesperada que sea la causa de mi Patria, siempre será la causa del honor y siempre estaré dispuesto a honrar su enseña con mi sangre’’.

Juan Pablo Duarte

‘‘Vivir sin Patria es lo mismo que vivir sin honor’’.

Juan Pablo Duarte


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Oct 17

Delincuencia sin reparos

La delincuencia es, en general, una de las formas más sorprendentes de la desviación social. Es posible que un individuo se desvíe de la anuencia general, y que su conducta desviada sea considerada absurda, particular o excéntrica. Pero a menudo una tal desviación representa una violación de las normas del grupo contra las cuales se ejerce su sanción punitiva. El acto delictuoso de trasgresión es el crimen o delito.

La sola manera de definirla es decir que es un acto castigable en una situación social dada. Es posible que la ética pueda proporcionar un concepto universal y atemporal del crimen. Pero, en sociología criminal y en criminología, el delito es lo que castiga un Estado, una tribu, una colectividad. Eso no significa que concibamos el crimen arbitrariamente, sino en relación con una estructura social y sobre todo con una cultura basada en una potencia dada. Otrora, en Unión Soviética, establecer una empresa privada de naturaleza capitalista era un crimen grave, al cual se podía imponer la pena capital. Esta misma actividad, en Suiza o en las Islas Filipinas, es perfectamente legítima. En ciertos lugares, la prostitución es un delito, en otros una actividad, sino honorable, al menos sin la sombra de una infracción. No solamente la geografía, sino los cambios históricos reflejan la relatividad del delito.

En los países asiáticos, dar a los funcionarios públicos honorarios privados ha sido una costumbre inveterada. La penetración de la moralidad burocrática occidental ha creado un estado de conciencia haciendo aparecer el carácter ilícito de una tal práctica, hasta entonces favorablemente sancionada por la tradición. En México, la mordida, o subordinación habitual de los funcionarios y de las autoridades, se aproxima del tipo anterior, pero ella siempre ha sido condenada-sin gran éxito-por los agentes moralizadores: La iglesia, los partidos revolucionarios, los intelectuales. En tales casos, las “desviaciones” son las de una moral proclamada por grupos concretos, que no pueden hacer gran cosa contra las costumbres arraigadas en la conciencia colectiva con el apoyo de la estructura económica.

Si la definición del acto delictuoso varia de sociedad a sociedad, y hasta dentro de cada una de ellas, su frecuencia y sus tipos responden a ciertas regularidades cuya determinación es el objeto de la sociología de la conducta criminal. Una primera correlación entre estructura social y delincuencia es la que aparece en el nivel de estratificación.

Cada clase social representa una forma diferente de vida, y el individuo que le pertenece se encuentra frente a los problemas diferentes en cada caso. Nada de sorprendente si la delincuencia legalmente definida se encuentra en los más fuertes porcentajes en las clases bajas, puesto que son ellas las que sufren de la penuria causada por el desempleo, las crisis económicas, los salarios insuficientes. Las clases altas, en cambio, transgreden con menos frecuencia los delitos legales o codificados, mientras que ellas cometen mas frecuentemente las desviaciones no sancionadas por la ley. Algunos tipos de delitos suponen un preparación tecnica o educativa especial-como en el caso de la falsificación de moneda- o los roles específicos-la malversación financiera.

El obrero desempleado que ataca un ciudadano, llevado por la necesidad, comete un delito para resolver un problema acuciante (otra cosa es el hecho que la repetición y las persecuciones de la justicia le convierten en delincuente habitual). Pero los actos de vandalismo de los tigres del patio, los gamberros españoles, los stilyagi rusos, o los teddy-boys ingleses, no son utilitarios. Se trata de sub-culturas criminales, como lo afirmaba Albert Cohen, cuyo origen es muy complejo. La conducta hostil y destructora, aparentemente sin objeto, de esos grupos es fundada sobre una larga acumulación de frustraciones de toda clase: zonas urbanas deterioradas, fuerte densidad demográfica, desorganización familiar, fricciones étnicas o interculturales.

La sociología criminal debe profundizar todas las otras ramas de la disciplina sociológica para poder alcanzar los resultados viables; desde la ecología social, para establecer una geografía del crimen, hasta la psicología social, para descubrir las motivaciones del delincuente, pasando por el estudio de las crisis económicas y de su incidencia sobre los índices de criminalidad. En realidad, la sociología del delito y la de la desviación social son disciplinas que, a pesar de su carácter concreto, quedan, tratando hechos delictuosos concretos, bastante generales, pues su objeto de interés se encuentra en no importa cual zona de la realidad social. Lógicamente, ellas forman parte del estudio científico del conflicto social.

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