Quinta República: PROCLAMA
DOMINICANOS Y DOMINICANAS VALIENTES:
El momento de levantar, blandir y hacer relucir nuestra voluntad patriótica ha llegado.
Como en otras encrucijadas históricas en que el sentimiento nacional se encuentra exaltado por las calamidades y los peligros que nos amenazan, se impone ahora un llamado oportuno para poner de pie a la Nación y comenzar a construir a machete y determinación su nuevo destino.
¡Levantémonos contra la indiferencia y la cobardía!
La hora de la verdad ha llegado hoy, como en otras contadas ocasiones en nuestra Historia.
La oportunidad para esa determinación inapelable es ahora, y debe hacerse presente en este momento en la íntima conciencia de cada dominicano y dominicana con convicciones patrióticas.
Y ha llegado como siempre, al borde del abismo de nuestra propia tragedia, en los extremos de nuestra perdición colectiva, en los preludios de todas las desgracias y todos los problemas del país, cuando la situación parece irremediable en la diversidad de sus contrariedades y graves dificultades, justo al lado de nuestras capacidades potenciales y nuestras oportunidades.
Los adocenados creen en la suerte, las mujeres y los hombres fuertes en causas y efectos. En la voluntad de Dios y en su propia voluntad.
Nuestro futuro no es una cuestión de buen o mal sino o del azar, sino de decisiones valerosas y sabias.
Nuestra ocasión llega en medio de terribles y amenazantes expectativas de desgaste de los modelos vigentes, acicateada por la furia de las decepciones y de las frustraciones populares.
Ante el asomo del caos nacional que se cierne sobre nuestras cabezas y la ineficiencia de un Estado que es un mal administrador, un mal regulador, un mal proveedor de servicios y un pésimo procurador del interés nacional.
Por ello, nuestra disposición de tomar decisiones que cambien el curso de los acotencimientos debe ser de carácter colectivo e irrevocable, tras la dilatada reflexión ciudadana. Pero debe estar contenida en un acto reflexivo propio, un momento personal, íntimo, como si a cada dominicano y a cada dominicana le llegara su Guerra de la Restauración, la hora de lanzarse en “bélico reto de muerte”, en pos de su propia gesta particular de ciudadano; la hora de su grito privado de Capotillo, como si izara la bandera dominicana en su corazón, con la clarinada de conciencia patria que lo convoca a los estadios superiores de su propia regeneración política y social.
Apelando a este nuevo estado de ánimo, público y privado, contra el pesimismo, la apatía y la indiferencia, en medio de la larga noche de la desgracia nacional, y haciéndonos eco del sentir de sectores representativos de la vida dominicana, hacemos pública hoy la constitución del proyecto político Quinta República.
Quinta República surge de la preocupación de ciudadanas y ciudadanos de buena voluntad que se han trazado como meta la construcción de un nuevo instrumento político en la República Dominicana, basado en valores y creencias comunes acerca de la Nación y de sus atributos, y en la convicción sobre la necesidad de regenerar el Estado dominicano, como razones legítimas de lucha en la insoslayable responsabilidad que nos debemos a nosotros mismos y a las generaciones venideras.
Nuestro propósito, fundamentalmente democrático y republicano, plantea una nueva forma de hacer política: como actividad humanista tal y como fue concebida por el Padre de la Patria Juan Pablo Duarte; como la más noble de las actividades humanas, desacreditada en nuestros días por el ejercicio de una politiquería sin principios, desideologizada y clientelista.
Quinta República es una convocatoria para sobreponernos al pesimismo pernicioso, uno de los síntomas más típicos de la anomia que vivimos, donde todo intento está desacreditado de antemano, por “ser más de lo mismo”, o cosa inútil porque el “camino del infierno está lleno de buenas intenciones”, sin repararse en que la mayoría de las cosas trascendentes que se han hecho en el país habían sido declaradas imposibles antes de que fueran hechas.
Quinta República, más que el nombre de otra nueva organización política es una toma de conciencia ciudadana, surgida de la reflexión histórica de varias generaciones ante el fracaso de cuatro repúblicas frustradas, malogradas en su capacidad de dar cumplimiento a los propósitos nacionales.
Quinta República es el despertar de este sentimiento reivindicativo nacional que tenemos dormido, que por si solo justifica toda iniciativa para organizarlo y encausarlo en un accionar político dominicanista y proactivo.
La gran misión de Quinta República es alcanzar el poder en las próximas elecciones generales, con un programa que tenga como objetivo central regenerar el Estado Dominicano, sumido en una crisis profunda que no le permite alcanzar el propósito nacional, ni los objetivos nacionales, ni ejercer por lo tanto, una soberanía plena que permita, en un mundo globalizado y moderno, la consecución de los intereses nacionales.
Quinta República se compromete primordialmente con la tarea de devolverle al Estado su papel de referente moral de la sociedad, que cumpla y haga cumplir las leyes en el marco de una sociedad organizada y moderna. Que pueda defenderse y defender a los ciudadanos. Que no pierda de vista, ante desafíos planteados por corrientes externas, nuestras buenas tradiciones, creencias comunes y valores.
Que no permita romperse en el vórtice del caos y la desidia nacional, el vínculo que debe existir en la solidaridad entre lo oficial y lo ciudadano. Que dome los demonios del individualismo que, en perjuicio del país, gana esta partida lanzando nuestra sociedad por el derrocadero del hedonismo más egoísta, bajo la consigna de “sálvese quien pueda” o de “todos contra todos”, promoviendo una ruptura entre la individualidad y la colectividad.
Quinta República asume asimismo la tarea de impulsar la creación de un liderazgo visionario, responsable, comprometido con el país y sus valores nacionales. Un liderazgo basamentado en la verdad y sólo en la verdad que represente e interprete el sentir nacional.
Esta misión exige rescatar el pensamiento democrático del país y elevar dramáticamente sus expectativas para construir una nueva opción de poder en la República Dominicana.
Ciertamente hemos avanzado democráticamente si tomamos en cuenta antecedentes históricos ya remotos. Hemos alcanzado con sacrificio el derecho a una democracia electoral. Hemos logrado avanzar en el desarrollo de las libertades públicas. Pero para una gran parte de nuestra clase política, la democracia es sólo votar cada cuatro años.
Es necesario alcanzar una democracia veraz, cimentada en un estado de derecho real, equitativo y eficiente, que integre la democracia política, la democracia económica y la democracia cultural, con el claro objetivo de alcanzar “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.
Hay que restituir un sentido elemental de la justicia, la compasión, la autoridad, la responsabilidad trascendente, el coraje y la sabiduría.
Necesitamos construir una democracia que fomente un orden normativo eficaz y creíble y restaure el papel regulador del Estado.
Tenemos que desechar la idea de que la democracia debe ser permisiva y tolerante, y consecuentemente débil.
Necesitamos un Estado fundamentado en las leyes, un Estado cuyo gobierno sea justo y enérgico para que no se pierdan la libertad y la independencia, como advertía admonitoriamente el Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte.
Debemos recordar que “la fuerza sin el derecho es el atropello” pero que “el derecho sin la fuerza es la impotencia”.
Proponemos en fin, una verdadera revolución democrática, que preservando los logros de nuestro sistema político en el último medio siglo, cree un nuevo marco institucional, jurídico, político y económico para reordenar el país, y establecer una Nueva República: la Quinta República, fruto de una Asamblea Constituyente ejemplar, que dé respuestas creíbles y concretas a las aspiraciones más profundas del pueblo dominicano.
Por ello, Quinta República renuncia a los eufemismos gastados, y a esos patrones indeseables y despropósitos que tan caros han costado a la República, entre los que se encuentran el clientelismo y el mercantilismo grosero en la política.
Una revolución democrática, no un espejismo social, que devuelva el poder que le han quitado al pueblo los políticos tradicionales, requerirá el surgimiento de un nuevo tipo de representantes y gestores de ese poder, emergidos de una conciencia de compromiso con la Nación, sus atributos, sus intereses y su propósito.
Un nuevo tipo de gestor político, honesto, íntegro, capaz y profundamente compromisario del interés colectivo, que se hará presente en nuestra realidad política, por encima de las lamentaciones y de los pesimismos, de la misma forma que en su momento lo hicieron trinitarios y restauradores.
¡No habrá regeneración moral del Estado por otro camino!
En el proceso de contribuir a la creación de nuevos gestores y gestoras políticos, nuestro principal obstáculo no es la menor o mayor fortaleza del actual sistema político, los partidos grandes, medianos y pequeños, los que existen, coexisten, medio existen o no existen aún, los que nacen o están despareciendo.
Tampoco los que fueron pequeños una vez y hoy son grandes, los que comenzaron cargados de incertidumbres y grandes retos o de voluntad y pocas luces, los que tienen legitimidad histórica o los que no la tienen, los que aprueban las mayorías o los que no tienen aprobación ninguna en el seno del pueblo.
Al fin y al cabo así es la democracia. Una arena en la que compiten múltiples contendientes cada uno con sus fortalezas, debilidades y oportunidades.
Nuestro gran reto es vencer el desaliento de los mejores dominicanas y dominicanos, y llamarlos a persuadirse de que sí hay un modo distinto y noble de hacer política: el que permite hacer Patria.
¡Hagamos Patria!
¡Decidámonos!
¡Pongámonos de pie por nuestros héroes!
¡Pongámonos en pie por la Nación!
¡Adelante, patriotas dominicanos y dominicanas, a restaurar la fe en la soberanía, la voluntad para construir el porvenir y la esperanza en la Nación!
¡A librar esta nueva epopeya para detener el rumbo pesaroso de la Historia, y por el futuro de nuestro pueblo y la Quinta República!
Santo Domingo, D.N.
16 de agosto de 2008
"Amartya Sen define el desarrollo como la expansión de las libertades reales de las que dispone una persona para hacer y ser lo que valora en la vida. El desarrollo es por tanto un proceso de liberación desde una situación de privaciones. Una persona sin educación, sin salud, desnutrida y sin empleo no puede elegir ni tiene opciones en la vida."
"...quienes se desarrollan son las personas, no las cosas ni la macroeconomía ni la modernidad."
"No hay razones para suponer que las instituciones políticas y las relaciones de poder vayan a cambiar de manera espontánea. Si la sociedad no se organiza, se empodera, se moviliza y reestructura las relaciones de poder no habrá desarrollo humano, porque el desarrollo humano es una cuestión de poder."
"En el largo plazo, el estilo de crecimieno económico y de ordenamiento institucional en la República Dominicana crea riqueza reproduciendo miseria."
"La democracia está capturada por prácticas clientelistas que en nada favorecen al desarollo humano."
"La descentralización sin capacidades, sin empoderamiento ni participación social, reproduce el clientelismo y el caciquismo, mientras que el empoderamiento sin descentralización crea frustración, conduce a la individualización de las demanadas sociales y, en ocasiones al caos social."
"El Estado dominicano no sabe cuánto gasta en los municipios y provincias del país."
"El gasto médico en salud es bajo en términos per cápita y territorialmente desbalanceado y hay poco control sobre el sector privado."
"Las infraestructuras y el personal médico del país son suficientes para atender las necesidades de salud; los problemas son de capacidad de gestión."
" ...el Estado es el garante del acceso a la educación. Esa responsabilidad la puede ejercer en su función de proveedor directo o regulando al sector privado. En ambas funciones, el Estado dominicano ha sido deficiente, lo que ha convertido al sistema educativo en profundamente inequitativo y reproductor del orden de exclusión social."
"La política educativa dominicana ha estado desproporcionalmente concentrada en la expansión de la cobertura y ha descuidado los aspectos de calidad y eficiencia."
"El mecanismo de mercado no asegura equidad ni desarrollo. Es el Estado quien debe intervenir para garantizar equidad en las oportunidades, a través de los sistemas de protección y asistencia social."
"En general, las condiciones de vida en las provincias turísticas están por debajo de la media nacional."
"Las ciudades crecen en forma desordenada, sin planificación, sin deslindes, en forma segmentada, sin servicios públicos, peligrosas e incómodas."
"En el Distrito Nacional: En los últimos 40 años, dos gobernantes han influido de manera determinante en el diseño de la ciudad, asociando el progreso a las cosas y no a las mejorías en las condiciones de su gente, sin establecer vínculos con los gobiernos locales, sin planificación urbana y en el marco de una cultura política de grandes construcciones, pero sin los servicios adecuados."
"El 66% de la población vive cerca de una fuente de contaminación ambientales. "
"La Huella Ecólogica de la República Dominicana implica que se requiere el doble del territorio que se dispone"